OLA: Ciberacoso, el ataque más frecuente a las mujeres periodistas

Revelan que 44% de las mujeres periodistas han sufrido ciberacoso laboral y sexual

Basta un minuto para contar una mentira a más de dos millones de personas. Esa es una realidad endémica que ha traído la revolución tecnológica. Así como el trabajo periodístico se ha visto facilitado (sobretodo en accesos a fuentes) y diversificado, también nuestro día a día en medio de dispositivos electrónicos inteligentes nos ha expuesto a todos a un flagelo cada vez más común y corriente: el ciberacoso.

Una mentira puede destruir una reputación, una suma de mentiras puede desnivelar una reñida contienda electoral, incluso pueden instigar genocidios como lo comprobaron los nazis en los años 30 y 40 al pervertir otro medio de comunicación masivo entonces novedoso como la radio, gracias a ella introdujeron y avivaron en el inconsciente colectivo el antisemitismo. Ahora, a fines de la segunda década del Siglo XXI, todo personaje corrupto que está siendo investigado periodísticamente puede cometer el mismo delito usando un smartphone, una Tablet, una laptop, etc.

La Federación Internacional de Periodistas (FIP) realizó una investigación global que reveló la impactante realidad que un 44% de las mujeres periodistas están expuestas al ciberacoso ya sea de índole laboral o sexual. En el Perú se está viviendo un caso de esta naturaleza, una reportera (cuya identidad decidió legítimamente reservarse) ha denunciado al Congresista de la República Yonhy Lescano Ancieta por haberla acosado sexualmente por medio del Whatsapp. Esta acusación cobra especial importancia, pues desde el 12 de setiembre del 2018 se publicó una ley que incorporó el acoso, acoso sexual, chantaje sexual y difusión de imágenes audiovisuales con contenido sexual al código penal. Lo que convertiría a Lescano en el primer personaje y funcionario público en ser condenado.

En Francia, se dio a conocer que desde el año 2009 un grupo de periodistas varones, treintañeros y caucásicos acosaban cibernéticamente a colegas mujeres al punto de humillarlas, desprestigiarlas como periodistas y afectar su ejercicio laboral. Todos los hombres y mujeres de prensa somos conscientes que nuestra imagen y credibilidad son dos de nuestros valores más importantes, por lo que una supuesta “broma pesada” puede afectarnos drásticamente. Este caso está siendo protagónico en la prensa francesa, a los acosadores se les conoce como la Liga del LOL (con las siglas en inglés de laughing out loud, reírse a carcajadas). Tal como sucedió hace un par de años con el movimiento Me Too, se viene abanderando la protesta como una modalidad del peor machismo.

Entre las conclusiones del informe de la FIP se destaca que “los ataques en línea que tienen como objetivo a las mujeres periodistas adquieren características específicas relacionadas con el género, y son generalmente de naturaleza misógina y de contenido sexualizado. Este tipo de violencia conduce a la autocensura y es un ataque directo contra la visibilidad de las mujeres y su plena participación en la vida pública”. La ONU, por su parte, identifica los métodos más comunes de ciberacoso como el monitoreo y acecho en línea de las comunicadoras, publicación de sus datos personales, troleo, descalificación y odio viral. Pero, ya han llegado denuncias de espionaje electrónico contra periodistas o defensoras de derechos humanos orientado a controlar o extorsionar a mujeres que exponen temas antes considerados “intocables”.

Hay dos tipos de cobertura periodística que son donde más casos de ciberacoso a las mujeres se han detectado. Aquellas donde las periodistas han cubierto informaciones que antes eran terreno casi exclusivo de los hombres, y cuando la noticia está referida a denuncias de machismo, ataques a las mujeres o a comunidades sensibles como la LGBTTI.

Para presentar una denuncia por ciberacoso es necesario, sobretodo en casos de suplantación de información y de fake news, copiar la dirección URL y tomar un pantallazo de la misma. Es importante ser oportunamente rápidos en tomar estas acciones, pues las falsas informaciones suelen ser efímeras, tener poca vida en la red, pero el daño llega a ser muy perjudicial. Las autoridades pertinentes (resulta importante verificar si tu país tiene legislación contra los delitos electrónicos) pueden identificar a los acosadores con estos datos, mejor aún con la dirección IP del usuario.

La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señala que “la violencia en línea tiene un efecto inhibitorio en el ejercicio de la libertad de expresión. En particular, si bien hay innumerables mujeres periodistas que deciden continuar publicando información frente a la violencia, amenazas o acoso, otras recurren a la autocensura, cierran sus cuentas digitales, o abandonan la profesión. A juicio del Secretario General de Naciones Unidas, los ataques también pueden tener un efecto disuasorio sobre otras mujeres periodistas. El efecto es la falta de perspectivas y voces femeninas en los medios de comunicación en relación con una amplia gama de cuestiones, lo que tiene consecuencias graves para la libertad y la pluralidad en los medios de comunicación. Esta exclusión afianza la discriminación y la desigualdad”.

Observatorio Latinoamericano para la Libertad de Expresión OLA

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