FIP: 13 periodistas muertos por el COVID-19, crisis laboral en la pandemia

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Trece periodistas han perdido la vida a causa del COVID-19 en América Latina-Caribe. Es la data al momento de escribir estas líneas en un continente que está a días de entrar en su semana pico en la mayoría de los países.

Ecuador (9) y República Dominicana (3) se han convertido en los territorios más letales con decenas de periodistas y trabajadores de medios en cuarentena. La ciudad de Guayaquil, por su tasa de población infectada y fallecida es hoy la “Wuham” de América del Sur.

Despidos, recorte de salarios, postergación y/o suspensión de pagos, es la receta universal de las grandes corporaciones mediáticas frente a la pandemia. Ese ha sido el itinerario en Chile, Argentina y Uruguay. La tragedia es más devastadora para los periodistas regionales en Colombia, Ecuador, Perú,

Bolivia y Centroamérica, donde como trabajadores autónomos tienen como única vía de supervivencia la publicidad. En época de inmovilización social obligatoria, sin comercio ni servicios, los colegas siguen informando en sus espacios de radio y televisión a un alto costo para su salud y la certidumbre de no poder pagar las facturas a fin de mes.

El periodismo suele ser considerado actividad esencial, pero no tratado como tal. Por ello toca lidiar con trabas de acceso a la información, opacidad e incluso negacionismo en países como Brasil, El Salvador o Venezuela. Entre lo más extremo la prisión por informar, como fue el caso del periodista venezolano Darvinson Rojas, liberado tras 12 días de detención.

Una pandemia paralela es la desinformación. Las mal llamadas “noticias falsas” se multiplican a mayor velocidad que los contagios. Toca a periodistas invertir más de un tercio del tiempo de la jornada diaria a contrastar, contrastar, contrastar.

Los sindicatos hoy se hacen imprescindibles. Precisos para exponer a los empresarios que utilizan al virus de pretexto para profundizar las medidas infames habituales, para advertir a los Estados de su responsabilidad frente al desamparo de un colectivo laboral que agoniza, para requerir que ambos se hagan cargo de la salubridad de las y los periodistas.

A la par, han sido, son y seguirán siendo esenciales para generar fraternidad, solidaridad y unidad en el sector. La única vía posible para subsistir ante la incertidumbre de lo que vendrá.

Fuente: FIP

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